miércoles, 18 de agosto de 2021

Baruta, su historia y sus vecinos


 

Este 19 de agosto se celebra el 401 aniversario de la fundación de Baruta, hecho que ocurrió en el año 1620. La fundación del pueblo la hicieron el presbítero Gabriel de Mendoza y el oficial José Gutiérrez Lugo, como representantes de los poderes eclesiástico y secular de la época. La base poblacional del centro poblado fueron los españoles y los indígenas de las encomiendas de la zona. Inicialmente, el nombre del poblado fue San Francisco de Paula que luego, en el año de 1655 se modificó por el de la Villa de Nuestra Señora del Rosario de Baruta, cuando fue terminada su iglesia.

La fundación de Baruta obedeció a la política general de la Corona española de reducción y reagrupamiento territorial de los indios (la reducción a poblado), decretada por el rey Felipe III en 1618. Esa política se caracterizó por la creación de pueblos de doctrina o pueblos de indios como medio de control a una dispersa población aborigen. La reducción a poblado en algunas ocasiones implicó importantes y forzosas migraciones internas de indígenas, pues eran obligados a trasladarse desde su hábitat original hacia otras zonas geográficas.

A los encomenderos no les agradó la reducción a poblado, pues preferían mantener a los indios dispersos, pero bajo su control y en sus respectivas encomiendas trabajando además bajo severas condiciones para su provecho directo. Sin embargo, la instrucción de la Corona se cumplió y el gobernador De Hoz y Berrios y el obispo Angulo mediante una eficaz alianza fundaron en la zona de Caracas -por lo menos-, dieciséis pueblos de indios entre los años 1619 y 1621. En ese contexto se fundó el pueblo de Baruta.

Para 1691 ubicamos a la villa de Nuestra Señora del Rosario de Baruta como un curato unido a Petare y, por supuesto, bajo la orientación de la iglesia católica. Algunos años más tarde, en 1720, el obispo Juan José Escalona y Calatayud separó Baruta de Petare, al cual pertenecía como pueblo de doctrina de indios a causa de la excesiva distancia entre ambas poblaciones y a las pésimas vías que dificultaban el traslado del cura doctrinero. La decisión del obispo Escalona y Calatayud le otorgó a Baruta categoría de parroquia con su propio párroco, el padre Pablo Calderón.

Posteriormente, la villa de Nuestra Señora del Rosario de Baruta aparece adscrita al Distrito Guaire del Cantón Los Altos, en la división territorial que estableció la Constitución de la Provincia de Caracas de 1812. En 1822, se crea el Cantón de Petare con los sectores de Baruta y El Hatillo bajo su jurisdicción, producto de la Ley de División Político-Territorial de 1821. En 1853 se reorganizan las parroquias del Cantón Petare, pero se mantiene a Baruta bajo esa adscripción. En la Ley del 28 de abril de 1856 (que estableció la división territorial de la República) encontramos a Baruta adscrita al cantón Petare de la provincia de Caracas, como una de sus parroquias junto a otras como: Monagas, Atillo (sic), Libertad y Unión.

En su periplo político-territorial, Baruta pasó a ser parte del estado Caracas en 1864. En 1879 pasa a formar parte del estado Centro y en 1881 del estado Guzmán Blanco (aunque siempre adscrito a Petare). En el año 1904 Baruta se anexa al Distrito Federal y permanecerá así hasta el año 1909. En la Ley de División Político-Territorial del estado Miranda de ese año, encontramos a Baruta junto a otros municipios como: Pacheco, Chacao y el Hatillo adscritos al nuevo Distrito Sucre, siendo su capital Petare. Para 1984, en la División Político-Territorial registrada por la División de Estadística del Consejo Nacional Electoral (CNE), Baruta aparece como un municipio perteneciente al Distrito Sucre junto a otros como: Chacao, Leoncio Martínez, El Hatillo y Petare. En realidad, nuestro municipio fue siempre dependiente en el plano administrativo de la localidad de Petare, hasta su elevación como municipio en 1987, a proposición de la diputada Carmen Torres y con el apoyo de la también diputada Gloria Capriles.

Desde el punto de vista de la vida cívica, de la organización vecinal (aunque de más reciente data y a comienzos de los años cuarenta del siglo pasado) Baruta registra una intensa actividad vecinal en las zonas populares. En efecto, la primera organización comunitaria fue la Junta de Vecinos en el barrio “El Güire” (1944) y, posteriormente surgió La Liga Agraria “La Peñita” liderada por Rosa Guzmán de Peña (de paso una de las dirigentes comunitarias más importantes que haya tenido Baruta). Un poco después emergerían las asociaciones de propietarios y residentes en las urbanizaciones; tales como: las asociaciones de propietarios y residentes de la urbanización Prados del Este (ASOPRAES, 1964), la de El Peñón (ARPEC, 1964), o la de El Cafetal (APRACAF, 1965). 

Las organizaciones comunitarias de Baruta desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo del movimiento vecinal metropolitano y es así que, en el año 1974 participan de la que será la agrupación más importante del país (en su momento) como lo fue la Federación de Asociaciones de Comunidades y Urbanas (FACUR). FACUR -sin lugar a dudas-, representó un cambio sustancial en el tratamiento de los asuntos urbanos e incluso políticos relativos a las municipalidades venezolanas.

Para comienzos de la década de los años 80 y, bajo la orientación de la Coordinadora de Organizaciones Vecinales del Sureste (COMSURESTE) y de su líder Juan Negretti Malpica, los vecinos organizados logran detener la ordenanza de zonas especiales que perjudicaba las áreas verdes del sureste del hasta entonces Distrito Sucre y, justamente de esas luchas nació la celebración del Día del Vecino, cada 3 de octubre.

La acción de contraloría vecinal de las campañas electorales en espacios públicos realizada por la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos de La Hoya de El Cafetal (CORACAFE), las manifestaciones de comunicación alternativa realizada por el Movimiento de Integración de la Comunidad (MIC), así como el surgimiento del Movimiento “Queremos Elegir” fueron claras demostraciones de la capacidad de trabajo e incidencia pública del movimiento de los vecinos en Baruta. En ese contexto, Carmen Beaujon, Luisa Figueroa y Dilia Gallamini se convirtieron en referentes fundamentales para el movimiento ciudadano por su trabajo voluntario y su actitud ética constructiva. Como parte de la actividad ciudadana del país le tocó a Baruta elegir el 5 de agosto de 1995 al primer Juez de Paz de Venezuela, recayendo la responsabilidad y el honor en el vecino Antonio Pulido.  

Una de las luchas más trascendentes emprendidas por el movimiento vecinal baruteño fue su oposición a los proyectos de construcción de viviendas en la Base Aérea Generalísimo “Francisco de Miranda” durante 2007 y 2008. Tras una férrea resistencia contra las decisiones del Gobierno Nacional, el consejo comunal y la asociación de vecinos de Chuao encabezaron una lucha pertinaz en procura de la paralización de las obras que se habían iniciado (que finalmente lograron) y en la solicitud de la construcción de un parque verde en el espacio de La Carlota.     

Baruta conformó su primer Consejo Local de Planificación Pública (CLPP) en 2004, órgano municipal que ha venido funcionando de manera irregular -desde entonces-, a pesar que pudo impulsar algunos mecanismos de participación ciudadana como el presupuesto participativo. A partir del año 2006, la historia del movimiento vecinal de Baruta cambia de manera drástica con la creación de los consejos comunales como nuevas instancias de organización comunitaria. Las asociaciones de vecinos son desplazadas en su mayoría y, comienza una transición hacia una nueva situación en la que a las asociaciones de vecinos (convertidas en consejos comunales) les toca defender su autonomía y las políticas de segregación impulsadas desde el Ejecutivo Nacional.

La lucha de los movimientos vecinales baruteños no cesa y frente a la pretensión gubernamental de separarles del estado Miranda se han plantado y han logrando detenerla. Sin embargo, hay un conjunto de retos a enfrentar como: la propuesta de la implantación del Estado comunal, la baja calidad de los servicios públicos, el desorden urbanístico que cada día gana más terreno en el municipio, la incertidumbre por la pandemia del Covid-19 o si se quiere la recuperación de la mayoría en el Concejo Municipal. Hay pues, una agenda de lucha planteada que requiere decisión y firmeza para su abordaje así como lo tuvieron aquellos conquistadores que por 1620, decidieron fundar un poblado de indios con más sueños que realidades, que de no haber sido así; quizás Baruta en la actualidad no existiría.   

@migonzálezm

martes, 2 de febrero de 2021

CON LOS VECINOS HABEIS TOPADO

 CON LOS VECINOS HABEIS TOPADO

 La propuesta de reagrupar; bajo el gobierno del Distrito Capital a los municipios Baruta, Chacao, El Hatillo y Sucre y, separarlos del estado Miranda no solo se convirtió en estos días en un reactivador de sus movimientos vecinales; sino que por retruque colocó además sobre la mesa un asunto de importancia capital, como es la necesidad de abordar el tema de la administración territorial y de servicios del Área Metropolitana de Caracas.

En esta oportunidad, la idea de impulsar una recentralización político-territorial fue de Jacqueline Farías y, esa idea vagamente esbozada le costó su puesto como Jefa del Distrito Capital. Mientras, el gobernador del estado Miranda Héctor Rodríguez (una vez conocida la destitución de la ingeniera Farías) declaró que: “a Miranda no la dividía nadie”. En realidad, el gobernador no podía aspirar a una reelección con el hándicap de haber aceptado con indiferencia la desmembración de la entidad federal donde ejerce el gobierno. Otra situación ocurrió con las delegaciones municipales del PSUV que guardaron un silencio -más sumiso que cómplice-, frente al desarrollo de los acontecimientos desatados por la propuesta Farías. 

Desde los municipios afectados; tanto autoridades públicas como la vocería de los movimientos sociales y vecinales expresaron su rechazo a la idea de la recentralización político-administrativa del Área Metropolitana de Caracas. Así, los alcaldes de los municipios Baruta, Chacao, El Hatillo y Los Salias expresaron su formal rechazo a la intención del PSUV. Mientras en el municipio Baruta se constituía una alianza entre las organizaciones vecinales y los partidos políticos para la defensa del municipio. Esta iniciativa fue replicada posteriormente en el municipio Chacao. Se inició de esta manera, un sendero unitario; por demás interesante y beneficioso entre los factores democráticos, justo y quizás en el ámbito territorial más adecuado: el municipio.

En realidad, hay una clara intención ideológica del PSUV y su régimen de ejecutar un reordenamiento territorial basado en el centralismo político-administrativo ya presentado al país en el proyecto de reforma constitucional del año 2007, el cual fue derrotado política y electoralmente en esa oportunidad. Sin embargo, la idea de un estado centralizado, con una nueva base territorial (comunas, ciudades comunales, distritos motores; entre otras) y sobre la base de una economía colectivizada y con una participación tutelada, sigue presente en el ideario del bloque oficialista. Y esa ideación totalitaria tiene nombre: el Estado comunal.

En ese contexto, la problemática del Área Metropolitana de Caracas no puede ser obviada. Los déficits en la prestación de servicios públicos; así como la incertidumbre sobre su crecimiento, (por citar solo dos aspectos) requieren de una reflexión programática; pero también democrática e incluyente. Esa es una tarea que a los sectores comprometidos con el cambio político les corresponde acometer. La Alcaldía Metropolitana dejó una serie de estudios y experiencias que podrían ser aprovechados en conjunto, con propósitos constructivos y en unidad; tanto por los sectores políticos como por la ciudadanía y, así fortalecer la opción de cambio. Al respecto cabe recordar que, la unidad democrática será siempre más fuerte con base a acuerdos programáticos entre sus componentes.

Me parece importante realizar un comentario adicional sobre los movimientos vecinales y comunitarios. Y es que estas entidades siempre han estado del lado de la defensa de las reivindicaciones inmediatas y de las luchas democráticas en Venezuela. Desde su aparición en los años veinte y, por medio de sus diversas manifestaciones (Ligas de Colonos, Juntas Profomento, Juntas Promejora, Juntas Vecinales, Asociaciones de Propietarios y Residentes y, por supuesto, las Asociaciones de Vecinos) los movimientos de base se han hecho sentir en la lucha por la elección directa de gobernadores y alcaldes, la democratización de los municipios y la descentralización; así como también con su firme defensa del medio ambiente. Es decir, en nuestro país, los movimientos vecinales son parte de nuestra cultura democrática y, por ende, representan una reserva para emprender los cambios políticos que nuestra realidad exige.

La idea de establecer y formalizar puentes entre los distintos sectores sociales y comunitarios del Área Metropolitana de Caracas puede ser un elemento aglutinador que contribuya a la creación de una vecindad metropolitana basada en la defensa de los derechos ciudadanos y de la descentralización y la autonomía municipal. Después de todo, la amenaza totalitaria está allí y, se fortalece con la dispersión y la desunión de los demócratas.

 

@migonzalezm

lunes, 25 de enero de 2021

Un pensamiento libre para empezar el 2021

 

"El control social de la formación, el ejercicio y la finalidad del Poder público, facultad esencial de una sociedad democrática, sólo es realizable mediante el concurso de la libertad política y la autonomía del individuo. El siglo XX parece haber enseñado que lo primero sólo puede lograse mediante el concurso de ciudadanos libres; y que tal libertad únicamente puede basarse en la autonomía del ciudadano, fundada en la propiedad." (Germán Carrera Damas)

jueves, 3 de diciembre de 2020

¡.YA LLEGÓ DICIEMBRE.!


Ya llegó DICIEMBRE, el mes más bonito del año; pues nace el Niño Jesús y con él viene la ilusión y la esperanza por una convivencia en armonía y paz. Así será!!! Todo lo bueno viviremos en este tiempo y en los tiempos por venir. Que sus hogares se llenen de luz y de buenos momentos en familia. Da abrazos y comparte como nunca antes lo hiciste..!



 

martes, 24 de noviembre de 2020

¿La reconciliación, una opción para Venezuela?

  

La reconciliación política y social se presenta como un requisito fundamental para la reconstrucción de un país roto y fragmentado, como el nuestro. La reconciliación puede significar un reencuentro positivo de adversarios y, aún mucho más allá, puede ser el inicio de una paz corresponsable que signifique la rearticulación de la sociedad en su conjunto; bajo un paradigma de desarrollo que combine la acción del Estado, la función del mercado y el papel de las organizaciones sociales y comunitarias.

Venezuela a lo largo de su historia registra varias experiencias en materia de reconciliación; tanto de naturaleza política-institucional como por iniciativa ciudadana. Esas experiencias estuvieron destinadas a facilitar el acercamiento de las partes en conflicto. Ya en el año 1819, la Constitución de la Gran Colombia incluía a la Justicia de Paz como un medio alternativo para la resolución de conflictos menores; en 1820 -y en medio de la guerra de independencia-, Bolívar y Morillo firmaron en la ciudad de Trujillo, el Tratado de Regularización de la Guerra, que luego se constituiría en el principal antecedente del actual Derecho Internacional Humanitario. Otro gesto conciliatorio ocurrió en 1827, cuando el Congreso de la Gran Colombia aprobó la Ley Declarando un Olvido Perpetuo a los sucesos del año anterior (1826); dichos eventos estuvieron relacionados con la desobediencia del general José Antonio Páez al Congreso de Colombia. En el año 1830, ya como República de Venezuela, la Constitución rescató la Justicia de Paz Parroquial como un medio de conciliación. En 1863, se firma y se ratifica el Tratado de Coche que puso fin a la Guerra Federal, conflicto que deja tras de sí miles de muertos. El Tratado de Coche fue ratificado por los generales José Antonio Páez y Juan Crisóstomo Falcón.

En el siglo pasado también hubo importantes eventos de reconciliación política y social. El Pacto de Punto Fijo acordado por Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (COPEI) y firmado en 1958, fue uno de ellos. Dicho pacto político sentó las bases del sistema democrático en el país. En 1968 se implementó la Pacificación como una estrategia política que permitió la reincorporación a la vida política a aquellos sectores que habían optado por la lucha armada en el país. Un acto trascendente en el ámbito social ocurrió en el barrio caraqueño Catuche en el año 1990, cuando un grupo madres se constituyeron en asamblea y lograron imponer unas normas de convivencia que detuvieron la violencia entre la bandas armadas de esa comunidad. El reconocimiento de la Justicia de Paz en el marco de la Constitución de 1999 representó otro aspecto importante para el asentamiento de una cultura de paz y de reconciliación en Venezuela.

También en nuestro siglo XXI hemos tenido algunos intentos de diálogo y reconciliación; aunque sin mucha fortuna. Durante 2003, y luego del golpe del año anterior se instaló una mesa de diálogo que reunía representantes del gobierno nacional, el empresariado, sindicatos, partidos políticos y sociedad civil; bajo la facilitación de la Organización de Estados Americanos (OEA). En el transcurrir de estas dos últimas décadas varias organizaciones internacionales han intervenido durante este período en procesos de intercambio tendentes a lograr una reconciliación en el país; tales como: el Centro Carter, el PNUD, la Unión Europea. También y con el mismo propósito han intervenido otras naciones del propio hemisferio y del viejo continente. Sin embargo, y a diferencia de otros antecedentes históricos los resultados han sido de poca eficacia política.  

¿Puede entonces constituir la reconciliación una alternativa viable para rescatar la democracia, como modelo de vida frente a un gobierno autoritario? Al respecto hay que considerar que la reconciliación ni se compra ni se vende; sino que constituye una oportunidad que surge cuando las partes en conflicto comprenden que la paz es mucho más razonable y constructiva que mantener un conflicto que les va a generar más pérdidas que beneficios. Quizás en nuestro país factores en conflicto no se hayan convencido aún de ello. Además, la polarización social puede resultar beneficiosa para mantener el “status quo”. Así que, mientras la población siga dividida y ajena al ejercicio de sus derechos ciudadanos, los factores que detentan el poder salen favorecidos y mantienen sus privilegios.

Soy de aquellos que valoran como ideal el desarrollo de las sociedades basado en la participación libre y responsable de los distintos factores que la conforman  y, eso no está ocurriendo en Venezuela. La severa crisis político-institucional que atraviesa nuestra nación requiere de la articulación de esfuerzos de las organizaciones sociales y comunitarias y, también de los partidos políticos dedicados a reconstruir el tejido asociativo como medio de reconciliación en cada espacio y en cada rincón de Venezuela.

Cientos de organizaciones sociales y comunitarias emprenden cada día acciones dirigidas a edificar lazos de reencuentro ciudadano en su entorno respectivo. Es cuestión de unir esfuerzos, de intercambiar experiencias, de consolidar espacios de cohesión y de avanzar sin temor hacia el futuro que merecemos todos, sin exclusión alguna.

 @migonzalezm