martes, 2 de febrero de 2021

CON LOS VECINOS HABEIS TOPADO

 CON LOS VECINOS HABEIS TOPADO

 La propuesta de reagrupar; bajo el gobierno del Distrito Capital a los municipios Baruta, Chacao, El Hatillo y Sucre y, separarlos del estado Miranda no solo se convirtió en estos días en un reactivador de sus movimientos vecinales; sino que por retruque colocó además sobre la mesa un asunto de importancia capital, como es la necesidad de abordar el tema de la administración territorial y de servicios del Área Metropolitana de Caracas.

En esta oportunidad, la idea de impulsar una recentralización político-territorial fue de Jacqueline Farías y, esa idea vagamente esbozada le costó su puesto como Jefa del Distrito Capital. Mientras, el gobernador del estado Miranda Héctor Rodríguez (una vez conocida la destitución de la ingeniera Farías) declaró que: “a Miranda no la dividía nadie”. En realidad, el gobernador no podía aspirar a una reelección con el hándicap de haber aceptado con indiferencia la desmembración de la entidad federal donde ejerce el gobierno. Otra situación ocurrió con las delegaciones municipales del PSUV que guardaron un silencio -más sumiso que cómplice-, frente al desarrollo de los acontecimientos desatados por la propuesta Farías. 

Desde los municipios afectados; tanto autoridades públicas como la vocería de los movimientos sociales y vecinales expresaron su rechazo a la idea de la recentralización político-administrativa del Área Metropolitana de Caracas. Así, los alcaldes de los municipios Baruta, Chacao, El Hatillo y Los Salias expresaron su formal rechazo a la intención del PSUV. Mientras en el municipio Baruta se constituía una alianza entre las organizaciones vecinales y los partidos políticos para la defensa del municipio. Esta iniciativa fue replicada posteriormente en el municipio Chacao. Se inició de esta manera, un sendero unitario; por demás interesante y beneficioso entre los factores democráticos, justo y quizás en el ámbito territorial más adecuado: el municipio.

En realidad, hay una clara intención ideológica del PSUV y su régimen de ejecutar un reordenamiento territorial basado en el centralismo político-administrativo ya presentado al país en el proyecto de reforma constitucional del año 2007, el cual fue derrotado política y electoralmente en esa oportunidad. Sin embargo, la idea de un estado centralizado, con una nueva base territorial (comunas, ciudades comunales, distritos motores; entre otras) y sobre la base de una economía colectivizada y con una participación tutelada, sigue presente en el ideario del bloque oficialista. Y esa ideación totalitaria tiene nombre: el Estado comunal.

En ese contexto, la problemática del Área Metropolitana de Caracas no puede ser obviada. Los déficits en la prestación de servicios públicos; así como la incertidumbre sobre su crecimiento, (por citar solo dos aspectos) requieren de una reflexión programática; pero también democrática e incluyente. Esa es una tarea que a los sectores comprometidos con el cambio político les corresponde acometer. La Alcaldía Metropolitana dejó una serie de estudios y experiencias que podrían ser aprovechados en conjunto, con propósitos constructivos y en unidad; tanto por los sectores políticos como por la ciudadanía y, así fortalecer la opción de cambio. Al respecto cabe recordar que, la unidad democrática será siempre más fuerte con base a acuerdos programáticos entre sus componentes.

Me parece importante realizar un comentario adicional sobre los movimientos vecinales y comunitarios. Y es que estas entidades siempre han estado del lado de la defensa de las reivindicaciones inmediatas y de las luchas democráticas en Venezuela. Desde su aparición en los años veinte y, por medio de sus diversas manifestaciones (Ligas de Colonos, Juntas Profomento, Juntas Promejora, Juntas Vecinales, Asociaciones de Propietarios y Residentes y, por supuesto, las Asociaciones de Vecinos) los movimientos de base se han hecho sentir en la lucha por la elección directa de gobernadores y alcaldes, la democratización de los municipios y la descentralización; así como también con su firme defensa del medio ambiente. Es decir, en nuestro país, los movimientos vecinales son parte de nuestra cultura democrática y, por ende, representan una reserva para emprender los cambios políticos que nuestra realidad exige.

La idea de establecer y formalizar puentes entre los distintos sectores sociales y comunitarios del Área Metropolitana de Caracas puede ser un elemento aglutinador que contribuya a la creación de una vecindad metropolitana basada en la defensa de los derechos ciudadanos y de la descentralización y la autonomía municipal. Después de todo, la amenaza totalitaria está allí y, se fortalece con la dispersión y la desunión de los demócratas.

 

@migonzalezm

lunes, 25 de enero de 2021

Un pensamiento libre para empezar el 2021

 

"El control social de la formación, el ejercicio y la finalidad del Poder público, facultad esencial de una sociedad democrática, sólo es realizable mediante el concurso de la libertad política y la autonomía del individuo. El siglo XX parece haber enseñado que lo primero sólo puede lograse mediante el concurso de ciudadanos libres; y que tal libertad únicamente puede basarse en la autonomía del ciudadano, fundada en la propiedad." (Germán Carrera Damas)

jueves, 3 de diciembre de 2020

¡.YA LLEGÓ DICIEMBRE.!


Ya llegó DICIEMBRE, el mes más bonito del año; pues nace el Niño Jesús y con él viene la ilusión y la esperanza por una convivencia en armonía y paz. Así será!!! Todo lo bueno viviremos en este tiempo y en los tiempos por venir. Que sus hogares se llenen de luz y de buenos momentos en familia. Da abrazos y comparte como nunca antes lo hiciste..!



 

martes, 24 de noviembre de 2020

¿La reconciliación, una opción para Venezuela?

  

La reconciliación política y social se presenta como un requisito fundamental para la reconstrucción de un país roto y fragmentado, como el nuestro. La reconciliación puede significar un reencuentro positivo de adversarios y, aún mucho más allá, puede ser el inicio de una paz corresponsable que signifique la rearticulación de la sociedad en su conjunto; bajo un paradigma de desarrollo que combine la acción del Estado, la función del mercado y el papel de las organizaciones sociales y comunitarias.

Venezuela a lo largo de su historia registra varias experiencias en materia de reconciliación; tanto de naturaleza política-institucional como por iniciativa ciudadana. Esas experiencias estuvieron destinadas a facilitar el acercamiento de las partes en conflicto. Ya en el año 1819, la Constitución de la Gran Colombia incluía a la Justicia de Paz como un medio alternativo para la resolución de conflictos menores; en 1820 -y en medio de la guerra de independencia-, Bolívar y Morillo firmaron en la ciudad de Trujillo, el Tratado de Regularización de la Guerra, que luego se constituiría en el principal antecedente del actual Derecho Internacional Humanitario. Otro gesto conciliatorio ocurrió en 1827, cuando el Congreso de la Gran Colombia aprobó la Ley Declarando un Olvido Perpetuo a los sucesos del año anterior (1826); dichos eventos estuvieron relacionados con la desobediencia del general José Antonio Páez al Congreso de Colombia. En el año 1830, ya como República de Venezuela, la Constitución rescató la Justicia de Paz Parroquial como un medio de conciliación. En 1863, se firma y se ratifica el Tratado de Coche que puso fin a la Guerra Federal, conflicto que deja tras de sí miles de muertos. El Tratado de Coche fue ratificado por los generales José Antonio Páez y Juan Crisóstomo Falcón.

En el siglo pasado también hubo importantes eventos de reconciliación política y social. El Pacto de Punto Fijo acordado por Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (COPEI) y firmado en 1958, fue uno de ellos. Dicho pacto político sentó las bases del sistema democrático en el país. En 1968 se implementó la Pacificación como una estrategia política que permitió la reincorporación a la vida política a aquellos sectores que habían optado por la lucha armada en el país. Un acto trascendente en el ámbito social ocurrió en el barrio caraqueño Catuche en el año 1990, cuando un grupo madres se constituyeron en asamblea y lograron imponer unas normas de convivencia que detuvieron la violencia entre la bandas armadas de esa comunidad. El reconocimiento de la Justicia de Paz en el marco de la Constitución de 1999 representó otro aspecto importante para el asentamiento de una cultura de paz y de reconciliación en Venezuela.

También en nuestro siglo XXI hemos tenido algunos intentos de diálogo y reconciliación; aunque sin mucha fortuna. Durante 2003, y luego del golpe del año anterior se instaló una mesa de diálogo que reunía representantes del gobierno nacional, el empresariado, sindicatos, partidos políticos y sociedad civil; bajo la facilitación de la Organización de Estados Americanos (OEA). En el transcurrir de estas dos últimas décadas varias organizaciones internacionales han intervenido durante este período en procesos de intercambio tendentes a lograr una reconciliación en el país; tales como: el Centro Carter, el PNUD, la Unión Europea. También y con el mismo propósito han intervenido otras naciones del propio hemisferio y del viejo continente. Sin embargo, y a diferencia de otros antecedentes históricos los resultados han sido de poca eficacia política.  

¿Puede entonces constituir la reconciliación una alternativa viable para rescatar la democracia, como modelo de vida frente a un gobierno autoritario? Al respecto hay que considerar que la reconciliación ni se compra ni se vende; sino que constituye una oportunidad que surge cuando las partes en conflicto comprenden que la paz es mucho más razonable y constructiva que mantener un conflicto que les va a generar más pérdidas que beneficios. Quizás en nuestro país factores en conflicto no se hayan convencido aún de ello. Además, la polarización social puede resultar beneficiosa para mantener el “status quo”. Así que, mientras la población siga dividida y ajena al ejercicio de sus derechos ciudadanos, los factores que detentan el poder salen favorecidos y mantienen sus privilegios.

Soy de aquellos que valoran como ideal el desarrollo de las sociedades basado en la participación libre y responsable de los distintos factores que la conforman  y, eso no está ocurriendo en Venezuela. La severa crisis político-institucional que atraviesa nuestra nación requiere de la articulación de esfuerzos de las organizaciones sociales y comunitarias y, también de los partidos políticos dedicados a reconstruir el tejido asociativo como medio de reconciliación en cada espacio y en cada rincón de Venezuela.

Cientos de organizaciones sociales y comunitarias emprenden cada día acciones dirigidas a edificar lazos de reencuentro ciudadano en su entorno respectivo. Es cuestión de unir esfuerzos, de intercambiar experiencias, de consolidar espacios de cohesión y de avanzar sin temor hacia el futuro que merecemos todos, sin exclusión alguna.

 @migonzalezm

miércoles, 19 de agosto de 2020

Baruta 400 años de su fundación

 

Baruta hoy, 19 de agosto celebra el 400 aniversario de su fundación ocurrida en 1620. Baruta fue fundada como un pueblo de indios. Su primer nombre fue San Francisco de Paula. En 1655, cuando fue terminada su iglesia pasó a llamarse Villa de Nuestra Señora del Rosario de Baruta.

Su fundación obedeció a la política general de la Corona española de reducción y reagrupamiento territorial de los indios decretada por el rey Felipe III en 1618. Aquel pequeño poblado evolucionó hasta el presente y se convirtió en una localidad llena de dinamismo y modernidad.

La principal fortaleza de Baruta primero como pueblo y luego como municipio (a partir de 1987) ha sido una intensa vida asociativa basada en la presencia firme de una diversidad de organizaciones comunitarias muy preocupadas por la construcción de ciudadanía. Felicitaciones!